Dios nunca llegó a tiempo

Mira la ventana buscando por un protector,
Dios nunca llegó a tiempo.
Hay amor, hay un salvador,
Pero ese amor no es el suyo.
Su amor la mata lentamente
Tan lentamente que podría morir,
Y cuando ella duerme escucha blues, ve sombras en blanco y negro, imagina danzas en sus sueños escapando de la realidad.
Realidad que evita. Realidad cruel, según lo que me contó.
"-¿De quién es la culpa si no fue mamá ni papá?-" le pregunté aquella vez, pregunta que evitó contestar.
Sabía que no lo iba a hacer. Sabía que no iba a responder.
Sabía que era meterme en donde no me correspondía e igual lo hice.
"Tenés que mantener la calma, contar hasta mil" me contó que se lo dijeron casi toda su vida pero que nunca le sirvió no obstante
lo intenta constantemente.
Sólo busca tranquilidad, aquella tan anhelada que no encuentra.
Busca una perdida de tiempo que sabe que no está en su paso.
Se esconde, enoja, llora, insulta sin ningún sentido.
Desea que le digan "Esperá, vamos para casa"
Pero no sucede.
Las cosas no suceden porque sí, pienso desde mi perspectiva.
Mientras tanto, la miro y sufro.
Sufro por su dolor,
Sufro por la forma en la cuál cuenta su niñez,
Sufro por la forma en la que elije concientemente sus palabras.
Sufro porque sé que no la puedo arreglar.
Sufro porque no puedo quitarle su malestar, enojo e ira.
Sufro por el dolor que transmite y no puedo calmar.

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