Recuerdos de Lourdes

Él se viene y va como si a nadie le importara, cómo si yo no existiera.
La memoria se mezcla con el olor que desprende la rosa en desesperación por no morir, en el lujo individualista de permenecer para siempre y aquella, la única, lluvia cristalina nos rocia de paz por unos instantes.
El cielo se oscurece y te imagino yendo y viniendo sin nada que hacer.
¿Quién sabe hasta dónde podrás irte sin apagar tu escencia, tu resplandor? 
Aún con nuestros pies tocando.
Aún con nuestras bocas rozando.
Aún con nuestros corazones latiendo. 
Y el viento se lleva lo que fue de vos y los dejaré atrás, enterrados en el fondo de un alma que no permite olvidar.

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